
Herederas y guardianas de la Antigua Tradición
dan lugar a nuevas historias y ofrecen alimento espiritual a muchos pueblos.
Heinrich Zimmer
Por Beatriz Eugenia Andrade Iturribarría ©
I. La leche que a todas nos nutre
En estos tiempos de Ley SOPA y en estos tiempos en que la mayoría de las cosas están a un click de distancia, vale la pena sentarse a reflexionar de dónde vienen todos los contenidos y manejos que realizamos en pro de nuestra evolución femenina y hacia dónde queremos dirigirnos.
Vale la pena, como lo he repetido en muchas ocasiones, honrar a quienes nos preceden y a nuestra vez, sumar a sus aportes para ir ennobleciendo el peregrinaje espiritual que constituye la existencia de las mujeres sobre este planeta.
La tarea que podría parecer sencilla, en los hechos, no lo es tanto como aparenta, ya que en el camino de nuestra evolución espiritual interviene un ego específico. Cuando digo ego, por favor, no se me lea con la implicación de denostarlo, porque de sobra sabemos, que lo necesitamos en la vía de nuestra individuación.
Me parece de enorme mérito el trabajo de investigación que muchas feministas, teálogas, científicas, meditadoras, activistas, investigadoras, escritoras, artistas, poetas, etc. han realizado en torno al Eterno Femenino. Su gran esfuerzo al desmenuzar, profundizar y traducir dicha esencia, accesibilizándola para que en lo cotidiano pueda ser incorporado en nuestras vidas, no es tan sencillo, exige disciplina y generosidad.
El trabajo de arqueología arquetipo-espiritual no es una labor que tenga relación con inventar -crear algo nuevo- sino con descubrir, es decir, con sacarle el velo que cubría algo que ya existía antes de que nosotras tomáramos conciencia de ello.
Tal es el caso de Jung, de quien no podríamos decir que es el inventor del Inconsciente Colectivo, sino el descubridor del mismo, ya que través de su capacidad de análisis-síntesis des-veló sus misterios y posteriormente los nombró y entrelazó con palabras que a él le hacían sentido, estructurando con ello lo que ahora conocemos como su teoría. Está claro que el Inconsciente Colectivo y los arquetipos existían y existirán con él, sin él y a pesar de él.
II. Mi camino en la Espiritualidad Menstrual
En 1971, a mis 6 años de edad, mi madre me inicia magistralmente en los Misterios de la Sangre Femenina con tal claridad, belleza y apertura que sembró la semilla que posteriormente me convirtió en una iniciadora de mis compañeras de clase, cuyas madres por considerar como tabú el tema, lo ignoraban, evadían y prohibían. Yo les explicaba de manera sencilla y desprejuiciada y ellas acudían a mí con sus preguntas. Por supuesto que eso tuvo consecuencias, cuando algunas madres de ellas se quejaron en la escuela sobre lo que yo estaba haciendo.
Muchos años después, en el año de 1999 tengo un encuentro con una indígena Lakota, quien de manera compasiva y paciente me inicia en el conocimiento de la sacralización del ciclo menstrual. Sus enseñanzas, junto a las de mi madre se mezclaron, fortalecieron y se amplificaron en el sentido de lo espiritual.
En el año 2000, me autoinicié en el paganismo, el cual aportó mucho a lo ya adquirido y además me permitió re-conocer, es decir, traer a mi consciente, a la Triple Diosa.
Más tarde, llegó a mis manos el libro Luna Roja de Miranda Gray, cuyos aportes dieron una clarísima estructura a lo que había venido recolectando a través de mi vida.
Curiosamente, fue un varón quien en 2004 me sugiere leer Mujeres que corren con los lobos de Clarissa Pinkola Estés, lectura que marcaría un hito en mi vida como mujer y en el desarrollo de mi oficio personal.
En el año 2008, conozco a Analía Bernardo por medio de Myriam Wigutov, y decido hacer análisis de sueños desde el encuadre de la Cuaternidad Femenina que ella plantea, reconozco que dicho vínculo me ha aportado grandes aprendizajes,
En el 2009 en una meditación se me des-vela el término Espiritualidad Menstrual, y es a partir de entonces que que me decido a crear y maternar esta web, con la intención de dar un espacio exclusivo a la concienciación y difusión de las visiones en relación con el tema, dando gran importancia al trabajo que se hace en Latinoamerica, aunque sin restringirme a él.
Maestros como Barbara Hannah, Diane Stein, Ethel Morgan, Vicky Noble, Marie Louise Von Franz, Riane Eisler, Jung, Christiane Northrup, Rüediger Dahlke, Caroline Myss, Paracelso, Paula Reeves, Myriam Wigutov, Marion Woodman, Jean Shinoda Bolen y otros que de momento no menciono, han removido las aguas primordiales de mi ser mujer, impulsándome a perseverar en el trabajo con el Eterno Femenino y la descodificación de su semiótica, con la intención de que cada vez nos sea más accesible, a todos, pero en primer lugar a mí misma.
Una de las características que tienen los aportes de quienes trabajan con en lo Femenino Sagrado es la esencia de trenzaduría la cual entrevera las hebras previas con las recién des-cubiertas, lo que hace que sus fronteras a veces se tornen difícilmente distinguibles por su esencia de crisol.
Quizás es ahí en donde han surgido los roces y los cismas, que en vez de ser resueltos por la vía pacífica, han pasado a sumarse a la lista de conflictos con el sello de ganadería del patriarcado, muy a pesar de nuestras intenciones biofeministas y espirituales.
III. Poniendo luz sobre la mesa
¿A qué voy con todo esto? A que como bien es sabido, siendo una defensora de los derechos autorales como parte del respeto a sus creadores, a un mismo tiempo, me queda claro que como resultado del crisol antes mencionado -Inconsciente Colectivo Femenino-, todas formamos el Mándala de la Gran Madre, posada al centro del mismo, y girando en forma concéntrica, estamos las distintas generaciones de mujeres que arraigadas en Ella, han ido aportando más y más revelaciones que también ponen luz sobre la mesa de nuestra conciencia femenina.
Así como cuando al cortar el tronco de un gran árbol, podemos ver los círculos que describe, pudiendo leerse los años de sequía, de inundaciones o de armonioso equilibrio que vivió dicho árbol, también puede hacerse una lectura concéntrica del tronco de la vivencia de lo Femenino Sagrado:
Verdades, trucos, rituales, hurtos, desagravios, recuperaciones, amnesias, persecuciones, secretismo, miedo, reyertas por el poder verticalizado, celebraciones auténticas y emanaciones de paz y de autenticidad.
La pregunta es Dentro del Gran Árbol de la Diosa ¿Qué clase de círculo estamos trazando las mujeres que hoy en día nos dedicamos a lo Sagrado Femenino?
¿Tenemos conciencia de que lo estamos trazando?
¿Qué lectura podrá hacerse a futuro de esta circunferencia concéntrica que se nos ha confiado trazar: Sequía, inundación, equilibrio?
¿Cómo pasarán a la historia nuestras huellas? ¿Qué se dirá de nosotras al pasar de los años?
IV. La luz no se apaga
Por todo lo anteriormente expuesto en este artículo, quiero dejar claro que cuando en mi práctica profesional hago uso de ciertos términos de la Espiritualidad Femenina, algunos provienen de visiones o escuelas muy particulares, cuya especificidad es parte de su encuadre. Y aunque esto lo aclaro con frecuencia con mis discípulas en vivo, en esta ocasión lo hago aquí con el fin de seguir con la vela encendida y evitar confusiones, suposiciones y errores. Todas ellas basadas en lo ya expuesto sobre mi camino andado en la Espiritualidad Menstrual.
* Triple Diosa
Alude a las tres fases visibles de la luna
Doncella: luna creciente.
Madre: luna llena.
Anciana: luna menguante
* Visión de Miranda Gray:
Cuadrante Lunar, a saber Ciclo de la Luna Blanca y Ciclo de la Luna Roja
Virgen: postmenstrual-preovulatoria, luna creciente.
Madre: ovulatoria, luna llena.
Hechicera: postovulatoria-premenstrual, luna menguante.
Bruja: menstrual, luna nueva.
* Visión de Analía Bernardo
Cuaternidad Femenina
Oscura Transformadora: menstrual, luna nueva.
Virgen Creadora: postmenstrual-preovulatoria, luna creciente.
Adulta Realizada: ovulatoria, luna llena.
Anciana Sabia: postovulatoria-premenstrual, luna menguante.
* Visión Lakota
Es larga y profunda de explicar, pero dibujo algunos trazos que pueden interesar:
Esta visión incluye ritos de paso en relación con la menarca.
La manera de decir que una está menstruando es diciendo: Estoy en mi luna.
La menstruación es vista como un tiempo al cual consideran como sagrado, un tiempo de reservorio femenino, usan la palabra Ishnati para nombrarla, la cual significa algo así como habito conmigo misma.
Hay una profunda conexión con la Abuela, así como con otros arquetipos femeninos.
Aún cuando la mujer deja de sangrar, se la considera portadora de todos los poderes de la feminidad, los ciclos a nivel energético se siguen sucediendo en base a las fases de la luna.
Para finalizar esta nota, no encuentro mejor manera de cerrarla que decir desde el corazón: Mitakuye Oyasin
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